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Grafiti para escapar

Desde hace pocos años se viene registrando un tipo de turismo particular en la ciudad de Bogotá, el del Grafiti Tour.  Aunque aquí no lo sepamos son muchos los turistas  que llegan al país para recorrer las calles de la ciudad y detenerse en lo más destacado del Street Art. La actividad que en realidad tomó fuerza desde hace seis años, fue ideada por un australiano que ha destacado al grafiti colombiano como uno de los mejores del mundo.

La  película de Oscar Ruíz Navia también presenta lo más bonito del arte callejero pero de la ciudad de Cali, en su segundo largometraje Los Hongos.

La primera barrera que hay que vencer para ver este film es la del título. Que no lo confunda con que se trata de una historia aderezada por las drogas y la extravagancia, Los Hongos es un título descriptivo no precisamente de su historia, sino más bien de cómo son vistos por la sociedad ese tipo de personajes que no casan dentro de los estándares y expresan su visión del mundo de forma crítica y auténtica.

Es la historia de dos adolescentes con vidas distintas; uno es el afrodescendiente Ras, quien llega a la ciudad, al distrito de Aguablanca desplazado junto a su madre, y el otro es Calvin, un universitario hijo de padres separados, de clase media y que vive con su abuela, una anciana llena de amor por su nieto y que padece de cáncer. A ambos los une el amor por el arte callejero. Llenar a escondidas las paredes de la ciudad con sus dibujos es lo que más lo motiva y por eso hacen todo por conseguir las pinturas para realizarlas, lo que le trae como consecuencia a Ras  el ser despedido por robar pintura de la construcción donde trabajaba.

Se podría decir que Los Hongos es un film ecléctico que mezcla varias estéticas, hay mucho movimiento (se fijarán en una escena genial sobre este aspecto que ocurre en el Túnel de la Avenida Colombia, inaugurado en Mayo de 2013 en Cali), que tiene a varios personajes diferentes entre sí, y muchos tópicos que pasan por el amor a la familia, la amistad, la juventud y la aventura, a la crítica social, la religión, la política – haciendo uso de la sátira -, y la locura de la calle. Aunque toda esta mezcla no pareciera ser orgánica en su conjunto; hay transiciones bruscas, cambios de ambiente notoriamente diferentes, son decisiones desde la cámara y el montaje (sobre todo) que terminan por confirmar el carácter urbano y semirreal de este largometraje. La fotografía es vívida, lo que se traduce en una nítida experiencia en pantalla, gracias también a que su formato de rodaje fue el de 35mm.

La elaboración de un gran grafiti temático es la excusa para mostrar el arte de estos artistas y que nos permite entrar en su mundo, su estilo de vida y pensamiento, que seguramente pondrá a reflexionar a muchos, especialmente a aquellos con prejuicios. Los actores que participan en la película son reales, grafiteros de la movida en la ciudad que colaboraron con Oscar Ruíz, que improvisaron bastante y que ayudaron a moldear el guión.

A pesar de ser una película urbana, no hay mayor bullicio o psicodelia, transcurre el film con cierta pausa (ojo, no es la temida película contemplativa), pero si de cuidada fotografía y de composiciones de gran belleza. Su final es una muestra de la delicadeza estética de este director y de las cosas profundas que siempre quiere transmitir. Le gustará al espectador que aunque sus personajes viven en un entorno difícil y que su oficio es reprimido, no hay dramatismos, por el contrario hay esperanza.

Si contar con actores amateurs le da intimismo a la película, el director también ha puesto un sello personal al incorporar a su abuela (ya fallecida) y a su padre (Gustavo) en la historia.

Los Hongos recibió en el Festival de Cine de Locarno un premio especial.

Intenciones del Director

“Los Hongos tiene que ver con mi vida en Cali, una ciudad intermedia del suroccidente colombiano donde nací, fui criado, estudié y me enamoré del cine. Durante un tiempo estuve lejos, pero tras la enfermedad y posterior muerte de mi abuela, decidí regresar. Quise hacer un film que mezclara mis recuerdos con mis nuevas vivencias, los lugares que he transitado con los que desconocía, las personas que me han acompañado durante toda la vida con aquellas que llegaron con esta experiencia. Trabajar en el limbo entre algo que puedo controlar y algo que se sale de mi total control -con la enorme dificultad que todo eso implica- me llena de profunda fascinación”

“Esta no es una película hedonista. Es por el contrario un proyecto que surge de un dolor. La mayoría de personas al escuchar el título Los Hongos sitúan de inmediato su imaginario en una idea sicodélica, de drogas y placer. Pues bien, la metáfora en el título remite a los hongos explorando su sentido literal: seres vivos que aparecen en contextos de tremenda podredumbre y descomposición. Los hongos son la vida que surge en la muerte. Y es ahí donde podría radicar el espíritu de este film: LA VIDA. Todas las personas que aparecen aportaron parte de su propia historia y existencia, creando un mundo que se aleja del realismo ortodoxo y se acerca mejor a una ensoñación; un tipo de mundo en el que huir en bicicleta a gran velocidad en medio del tráfico, mientras el viento roza la piel, puede devenir en una epifanía. Y con sueño no me refiero a una nebulosa, pienso en un “sueño documental”. Oscar Ruíz Navia

Una crítica de Sandra M Rios  para Cine Vista

La proyección comenzará a las 20:00 horas del domingo 12 de marzo en el salón de actos de Las Armas. Entrada libre hasta completar aforo.

El ‘rosebud’ de García Márquez

El documental ‘Gabo’ incide en la influencia de la vida del Nobel colombiano en toda su obra literaria.

¿Cómo pudo un crío de un pueblo del Caribe colombiano, Aracataca, hijo de un telegrafista que acabó como farmacéutico, escribir las novelas que cambiaron la historia de la literatura del siglo XX? A punto de cumplirse -el próximo viernes 17 de abril- el primer aniversario de la muerte del nobel Gabriel García Márquez, el documental Gabo, la magia de lo real, ahonda en la vida del impulsor del realismo mágico para encontrar las claves de su escritura. Y como en pocos artistas, las vivencias de García Márquez, en especial su infancia, marcaron toda su obra, así que Gabo busca ese rosebud -parafraseando a Ciudadano Kane- que explique el universo de Macondo.

El británico Justin Webster, su director, realizador también del sobrecogedor Seré asesinado, asegura que rehuyó el academicismo: “Está pensado para un público internacional, gente que no sabe mucho sobre él. Intenté que hubiera un hilo narrativo, el asombro de otro escritor colombiano, Juan Gabriel Vásquez, sobre la obra de alguien que nace en un entorno tan distinto al artístico. A mí me interesa mucho el proceso creativo y busqué de dónde venía este empeño, esta sensibilidad”. El colombiano, que ilustró su discurso del Nobel con una sobrecogedora sentencia -“Una nueva y arrasadora utopía de la vida […] donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”, que se refería tanto a su novela como a su ideología, nacida de su pasión por William Faulkner-, vivió los primeros ocho años de su vida con sus abuelos, un coronel y una mujer muy supersticiosa, mientras sus padres se ganaban la vida en Barranquilla y seguían teniendo hijos. En el filme, dos de los hermanos del autor, Jaime y Aída, recuerdan a su madre como una gran lectora amante de la “palabra precisa”. Pero son las charlas del autor con su abuelo -la influencia directa de El coronel no tiene quién le escriba- las que cimentan todo su devenir posterior. “Por un lado es un momento maravilloso; por otro, es una experiencia terrible”, cuenta Webster, “porque es abandonado por sus padres en una ciudad repleta de violencia y muerte. Es una construcción especial que deviene en una sensibilidad especial”.


El proyecto nace de la productora Kate Horne, y Webster -gran fan de García Márquez- se sumó posteriormente al proyecto, meses antes del fallecimiento del autor. “Cuando murió, el proyecto corrió peligro. Lo milagroso del proyecto es que lo hemos acabado en menos de un año”. Y aunque el realizador no lo diga, también sorprende la cantidad de material que maneja y muestra, además de voces de todo tipo: exnovias, hermanos, amigos, discípulos, periodistas y hasta dos expresidentes, César Gaviria (Colombia) y Bill Clinton (Estados Unidos). “Sí hay muy pocas entrevistas de García Márquez en cámara, porque era un gran tímido. Y las que existen no son realmente buenas, ya que le costaba relajarse. El Gabo real solo sale en las charlas con sus amigos. Así que pesqué en esas declaraciones televisivas algunos momentos que reflejen su personaje y su vida”.

 

Por la pantalla el espectador va descubriendo cómo logra publicar en El espectador sus primeros cuentos a los 13 años, cómo conoce a su esposa Mercedes cuando ella tiene 9 años y él 14, su pasión por el periodismo, su primera visita a Europa y su vida en París en 1955, donde ve por primera vez nevar (y se le escapa un “Mierda”, posterior final clásico de uno de sus clásicos), y cómo, ya casado, con hijos, asentado en México y con éxito como publicista y guionista, le confiesa a Mercedes que no puede más en un viaje a Acapulco. Él quiere escribir. Ahí nace Cien años de soledad (1967), un éxito instantáneo, best seller desde su primera semana en las librerías. De repente se convierte en el escritor más famoso del mundo. “Sin embargo, a pesar de su conexión con el público, su historia no es tan conocida”.

Casi todas sus novela se pueden rastrear en acontecimientos que vivió y que le contaron durante su infancia y adolescencia. Así que la vida le dio un mal requiebro en sus últimos años borrándole la memoria, él, tan obsesionado por ella. “Quedó su ternura”, se oye en Gabo. “Para todos la muerte tiene un gran peso, obviamente, pero para García Márquez estaba mucho más presente desde su infancia. Eso lo hizo más vivo”, dice Webster. En una entrevista, el Nobel habla de la injusticia de la muerte, a la que solo se puede evitar de una manera: “Escribiendo mucho”.

Una crítica de GREGORIO BELINCHÓN

Extraído de El País

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/14/actualidad/1429010188_668909.html

La proyección comenzará a las 19:00 horas el jueves 9 de marzo en la tercera planta de la Biblioteca Cubit. Entrada libre hasta completar aforo.

Macondo en Zaragoza

El próximo martes, 7 de marzo, el Festival de Cine de Zaragoza inaugura la exposición “Mi Macondo”, un homenaje al escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, en un año en el que se celebra el 50 aniversario de su obra cumbre, “Cien años de soledad”. La muestra, que podrá visitarse en la Biblioteca Cubit hasta el 31 de marzo, se enmarca dentro del ciclo “Principio de Temporada”, que este 2017 se dedica a Colombia.

La inauguración que comenzará a partir de las 19.00 horas en la tercera planta de la Biblioteca Cubit (calle Más de las Matas nº20pretende homenajear a la figura del escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

Además, la muestra coincide con el 90º aniversario del nacimiento de García Márquez y los 50 años de la publicación de su obra cumbre, “Cien años de soledad”, una novela que cambió para siempre la historia de la literatura hispanoamericana. Precisamente, la aldea ficticia de Macondo, donde transcurre esta obra literaria, es la que da nombre a la exposición, en la que los visitantes podrán adentrarse en los símbolos de ficción y realidad que encierra esta obra así como en las frases más conocidas de la misma. Las mariposas amarillas, tan unidas a la simbología de Gabriel García Márquez, estarán presentes en la exposición a través del origami con cientos de ellas. Esta exposición es, asimismo, una intervención abierta a todos los públicos. En la zona expositiva, se podrán encontrar instrucciones sobre cómo intervenir haciendo tu propia mariposa amarilla. Esta es una iniciativa del colectivo Somos Arte comisariada por Angel De Manuel.

Asimismo, dentro del acto inaugural, el martes, a partir de las 19.30 horas, tendrá lugar la presentación de la novela “El Gran Hotel del Salto”, de la periodista zaragozana Marga Barbáchano, ambientada en la Colombia de principios del siglo XX y en la que Gabriel García Márquez aparece como uno de los personajes de la novela.

Barbáchano es licenciada en Periodismo y en Filosofía y Letras, además de graduada en Psicología y en Publicidad. Ha trabajado como periodista en diferentes medios de comunicación de Barcelona y Zaragoza, y como columnista en Heraldo de Aragón y El Periódico de Aragón. Asimismo, cuenta en su haber ya con varias novelas, libros de relatos y libros de cuentos publicados.

La muestra se ubica en la Biblioteca Cubit, en Zaragoza Activa (C/ Mas de las Matas, 20), y podrá visitarse de manera gratuita hasta el 31 de marzo, de lunes a viernes, de 9.00 a 21.00 horas.

Chocó, una mujer que resiste

Sin duda no podríamos haber elegido mejor la película del ciclo de cine colombiano que se proyectará este miércoles 8 de marzo coincidiendo con el día internacional de la mujer. Chocó es una película cruda, pero que da visibilidad a la situación que viven muchas mujeres en diversos lugares. Muchos de ellos muy lejanos, otros al lado mismo de nuestra casa.

El Chocó es un departamento de Colombia, situado en la región del Pacífico, en la frontera con Panamá. Desde el punto de vista ecológico y geográfico es un tesoro, regado por caudalosos ríos, cubierto de selvas tropicales, abundante en especies de aves, reptiles y una flora paradisíaca. Una cadena de altas montañas, al oriente, lo aísla de la zona andina y da lugar a lluvias torrenciales y frecuentes. La mayor parte de su población es de raza negra, afrodescendientes de las poblaciones de esclavos que fueron traídos a Colombia. El resto proviene de etnias indígenas o son mestizos o mulatos. Es una de las regiones del país con mayores índices de pobreza, sus habitantes han migrado desde hace tiempos a la zona andina y a la costa atlántica, que se ha venido enriqueciendo con estas gentes, en general pacíficas, trabajadoras, y ricas en tradiciones culturales, muchas de ellas del más puro origen africano.

La región tiene fama de ser rica, por sus recursos mineros, oro y platino, sus ríos y sus selvas, pero condenada a la miseria y al abandono centralista, sin suficientes vías de comunicación, sin puertos, y sometida al expolio de aventureros, malos políticos y negociantes. Chocó, ópera prima de Johnny Hendrix Hinestroza, nacido en la región, se basa en un personaje femenino que tiene ese mismo nombre. Es evidente el carácter simbólico de esta elección, ya que ella representa al Chocó, personificado en mujer inteligente, trabajadora, esforzada y valiente, que lucha por su dignidad y sus hijos, en un ambiente complejo, lleno de belleza natural y de miseria, y excelsamente rico en tradiciones culturales y en dignidad ancestral. Cuando ella canta, hacia el final del filme, la tradicional canción, el lamento chocoano “Óyeme Chocó, oye por favor, tú no tienes por qué estar sufriendo así; la resignación de tu corazón se agotará y el día llegará de tu redención…” es una viva representación de los lamentos de su tierra y de sus habitantes.

Ya que Chocó es una mujer, el mejor simbolismo de expolio y de abandono es el estar sometida a diversas formas de machismo, y este es el tema central. Su marido es un hombre bien parecido, músico y de naturaleza alegre, pero absolutamente atrapado por el licor, por el juego, la irresponsabilidad y la desidia, incapaz de apreciar la profunda dignidad y sabiduría de Chocó, a quien trata meramente como objeto sexual, y de poner atención y educar a sus dos bellos hijos, enteramente dependientes de los esfuerzos de su madre.

Como mujer, Chocó, no podría faltar a otro simbolismo. Ella, como el territorio, sufre los desmanes de la minería ilegal, aquella que arrasa con los territorios, que explota a los mineros y que se aprovecha del desempleo rampante, imponiendo condiciones y humillando. Y un tercero adicional, el de los comerciantes foráneos, que se aprovechan de la ignorancia y de las necesidades para manipular y engañar a las gentes. Bajo este simbolismo, Chocó-mujer se ve condicionada por el tendero del lugar a ceder su orgullo y su dignidad de mujer a cambio de la oportunidad de regalar un instante de felicidad a su hija, ya que “cuando el amor sabe a tarta, una madre es capaz de todo”. Esto ocurre en una escena asimétrica, más bien grotesca, de poca calidad estética, sin duda con la intención de contrastar lo macho-abusivo-brutal con lo femenino-digno-ofendido.

Como lo manifiesta en una entrevista a el director tomó esta película como una oportunidad para resaltar los valores del Chocó-región, a través de la Chocó-mujer, poniendo énfasis en ubicarla en un ambiente sencillo, comunitario, respetuoso, cuidando que la parafernalia invasiva de una producción de este tipo no perturbara negativamente, sino más bien buscando crear impactos positivos. Para ello se generaron talleres audiovisuales con la comunidad y se hicieron documentales con sus vivencias y sus historias, contadas por ellos mismos. Comenta Hendrix que las comunidades se enamoraron del proyecto, al igual mucha de la gente que trabajó en la película, que aceptaron salarios modestos y aportaron como si se tratara de una cooperativa.

Por todo lo anterior, no es extraño que esta cinta tenga algunos aspectos de tipo documental y cultural, que se insertan inesperadamente, y que tienen sentido en la historia en la medida en que se capte la simbiosis Chocó-mujer-territorio. Vale la pena resaltar, por su belleza y su gran valor cultural, las escenas del inicio, dedicadas a las antiguas tradiciones de los “Alabaos”, cantos corales de alabanza y exaltación religiosa, acostumbrados por la población chocoana en los velorios de los adultos. Se cantan en tono de lamento y alabanza, con acento salmodiano y modulaciones propias de la música colectiva de las tradiciones africanas. No es de menor belleza en el cierre y en el intermedio, el muestrario que se hace de las devociones a San Pacho (San Francisco) y a la Virgen, con procesiones en el río y en las calles, llenas de colorido y de sentido popular. También en este caso, Chocó-mujer protagoniza estos sentimientos y en ellos se escuda, de cierta forma, para protagonizar un acto extremo de valentía y de liberación, algo que Chocó-región no ha podido experimentar.

Chocó tuvo muy buena acogida en los Festivales de cine de Cartagena y de Berlín sin duda merecida por la historia que se cuenta, por las analogías que se establecen, por la naturalidad de los personajes y del paisaje, a los cuales hace honor una buena fotografía. Hay que resaltar la intención del director y del equipo por introducir esta región a través de cine, a un contexto amplio, tanto nacional como internacional. la película ha logrado que se vea con gusto, con curiosidad, entretenidamente y despierta en el espectador admiración por esta Chocó-mujer, valiente y digna.

Una crítica de Enrique Posada

Fuente: El espectador imaginario

http://www.elespectadorimaginario.com/choco/

La proyección comenzará a las 19:00 horas del miércoles 8 de marzo en el salón de actos de Centro Joaquín Roncal. Entrada libre hasta completar aforo.

 

“La tierra y la sombra”. Cuando todo se oscurece

No debe sorprender que la ópera prima del director colombiano César Augusto Acevedo haya recibido premios importantes en el Festival Internacional de Cannes de 2015. Según  lo que se aprecia al verla, se trata de una película vivencial, que trata de comunicar sentimientos profundos, mundos interiores, relaciones humanas y sus conexiones con la realidad externa que modela y que oprime.

En La tierra y la sombra se describen realidades del mundo de la familia y del mundo del trabajo, enmarcadas dentro del contexto de las extensas y fértiles planicies del Valle del Cauca, en Colombia, dedicadas en buena parte a la siembra de la caña de azúcar. Casi todo transcurre alrededor de una familia cuya vida ha quedado marcada por este cultivo y por la forma en que las cosas han ido evolucionando con el tiempo.  No se muestran imágenes del pasado familiar, pero es evidente que en épocas ya idas, la casita de campo en la cual viven y que ahora está rodeada de la monotonía de los geométricos cultivos, era parte de algún vergel campesino, con huertos, árboles, animales y cierto sentido de la independencia y del amor familiar. De ello solo han quedado una comprometida ética del trabajo, una agobiante nostalgia, abandonos y un gigantesco samán; árbol testigo viviente y solitario. Ya ni tan solo se arriman los pájaros por allí, a pesar de que los vivientes los tienten con las frutas que colocan en una tabla al pie del árbol.

En La tierra y la sombra predominan las sombras. La casa es oscura y ello sirve para que la fotografía se recree en notables juegos de luces. Los rostros son duros y amargos, oscurecidos por difíciles recuerdos, apagados por las dificultades familiares, descoloridos por la enfermedad y la impotencia, ennegrecidos por las cenizas y el polvo siempre prevalente en los ambientes, doblados por la incertidumbre. En el campo, los alegres tonos de la caña apenas si se notan, abrumados por la monotonía del cultivo y por las cenizas resultantes de las quemas, visibles en los brotes quemados y en los suelos. Los cielos siempre aparecen grises, con algún humilde resquicio azulado, que apenas si deja entrar las luces del día. Cuando se iluminan, es porque está en llamas el campo, es porque hay quemas en los cultivos, que parecen abrasarlo todo. En los suelos y en las caras se acumulan pavesas negras y cenizas.


¿De qué nos hablan acá?, ¿de alguna fantasía poética sobre las luces y las sombras o de la dura realidad que se vive en esas tierras? Como es usual en el cine, ambas cosas se están contando. Nos habla el filme de una realidad, que se intenta mostrar en las repetidas escenas, en las que los trabajadores que cortan la caña manifiestan sus inconformidades y sus frustraciones con sus salarios que no llegan a tiempo, que no reflejan la dureza laboral, que no dan justicia a la entrega y los sacrificios. Nos pone de frente con la realidad de las quemas controladas que se hacen en los cultivos, las cuales aparecen, en realidad, descontroladas, feroces, amenazantes, generando cenizas y pavesas a los cuatro vientos, ennegreciendo las vidas y los cuerpos. Nos pone en  contacto con los conflictos familiares, generados por desuniones, por abandonos y por las palabras duras y las miradas desconfiadas. Y nos acerca a la muerte, inevitable compañera, que se arrima prematura al hogar, apagando la vida del todavía joven padre de familia, con sus pulmones dañados y fatigados por el polvo del ambiente.

Dados estos contextos, vale la pena comentar sobre las realidades objetivas del cultivo de la caña de azúcar en el Valle del Cauca, para tener alguna aproximación a todos estos problemas. No hay duda que el director ha aprovechado esta bella película para generar inquietudes en los espectadores, para desatar acciones y para proponer cambios. Y no lo hace con técnicas documentales; no hay cifras ni contexto, no hay análisis histórico ni comentarios. El mensaje nos llega limpio, sin alegatos ideológicos, sin manipulaciones deliberadas. Por eso, ante tal respeto por el espectador, este se siente libre para averiguar más, para profundizar, para arrimarse a las quemas y a las pavesas sin quedar atrapado, pero rico en motivaciones, con sentido de compromiso. Me parece que así se logra mayor alcance, mayor empatía.

La caña de azúcar es la fuente de las mayores producciones de azúcar en el mundo. Ha sido un cultivo que desde tiempos antiguos ha estado ligado a conflictos laborales y humanos. En la actualidad tiende a ser un cultivo tecnificado, de naturaleza bastante industrial, asociado con las empresas productoras de azúcar y de alcohol. Pero todavía persiste la costumbre de hacer quemas controladas para que las hojas se desprendan y el tronco se debilite y se precocine, facilitando el trabajo a los cortadores manuales, subiendo la productividad y los ingresos notablemente. Además, la quema elimina plagas, basuras, residuos y la pelusa que existe alrededor del tronco, que se considera que puede generar problemas de salud. En Colombia, las quemas se realizan por autorización del Ministerio del Medio Ambiente y están controladas por la autoridad ambiental de cada zona, encargada de regular que no afecten a la población civil. A pesar de lo anterior, este procedimiento es cada vez menos aceptado por las comunidades cercanas, por sus implicaciones ecológicas y por la lluvia de cenizas que se generan. La alternativa que existe es utilizar maquinaria de corte, lo cual se hace en pocos países, con impactos posiblemente negativos sobre la calidad y el empleo. Igualmente se estudian variedades que faciliten los procesos de corte, sean manuales o mecánicos, sin que sean necesarias las quemas.

Como tan alegóricamente muestra la película, estos asuntos ambientales que tienen que ver con prácticas establecidas, presentan lados oscuros que deben ser resueltos. Por ello hay que iluminarlos con la fortaleza y la creatividad humanas, de manera que nadie tenga que sufrir, que nadie se tenga que indignar, y así se respete el equilibrio. Quemar es sin duda un signo atávico de resolver las cosas violentamente, dado el carácter amenazante, extensivo, dominante del fuego de los incendios. Cuando hay llamas que ensombrecen la tierra, hay que tomarlas como signos de la necesidad de descubrir fuegos y luces que iluminen. Y de esas cosas todos sabemos en lo más íntimo de nuestro ser. Por eso hay que dar salida al profundo humanismo subyacente, al profundo sentido de contacto con la tierra. Allí habrá respuestas sabias.

Una crítica de Enrique Posada

Fuente: El espectador imaginario

http://www.elespectadorimaginario.com/la-tierra-y-la-sombra/

La proyección comenzará a las 20:00 horas del miércoles 1 de marzo en el salón de actos de La Armas. Entrada libre hasta completar aforo.

“Gente de Bien”. La dignidad de los de abajo

Se acerca navidad y la madre del pequeño Eric debe irse por un tiempo, así que deja a su hijo una temporada con su padre, viviendo en una pequeña pensión en el centro de Bogotá. En el día, Eric lo acompaña a hacer un trabajo de carpintería en el apartamento de una profesora universitaria, de estrato marcadamente más alto, que de inmediato se preocupa por el niño y lo invita a pasar tiempo con su propio hijo. Eventualmente, ella invitará a padre e hijo a pasar las fiestas en la casa de campo que comparte con su familia.

La primera vez que vemos a los personajes —un padre comprensivo y preocupado por ofrecerle a su hijo lo poco que tiene; una profesora en un apartamento con ciertos lujos, peleando a gritos con su hija— el director Franco Lolli parece dejarnos claro quién es la verdadera “gente de bien” (sobre todo cuando este concepto se usa tradicionalmente para designar a la gente de clase alta). Pero Lolli es más astuto que eso, y las ambigüedades morales que conlleva el título se van revelando a medida que avanza la historia:

¿Hace bien él en permitir a su hijo pasar más tiempo con la familia de la señora que con la suya? ¿Se ve comprometida su dignidad al hacerlo? ¿Es válida su frustración al hacerlo si sabe que así le está brindando lo mejor a su hijo? ¿Es eso, de hecho, lo mejor? ¿Hace bien ella en acoger al niño dentro de su hogar? ¿O representa ella el proverbio que dice “De buenas intenciones está hecho el camino al infierno”?

En cada palabra, en cada mirada de los personajes, se va enredando más la maraña de sus sentimientos y se hace más evidente la intensa complejidad que cualquier realidad social contiene, y el hecho de que las diferencias sociales están siempre presentes, silenciosas, sutiles, pero filtrándose en cada interacción humana en una sociedad de clases; más en una como la bogotana. Esto es evidente, por ejemplo, en la barrera invisible que parece existir entre el padre de Eric y la familia de la profesora, y que hace tan extraño el momento en que él se acerca a ellos; o en la discusión de los jóvenes, aparentemente simple, acerca de sus destinos para vacaciones.

Lolli logra elaborar una historia muy sencilla, privilegiando una melancolía de cocción lenta en vez de momentos de dramatismo intenso, y logrando así que los momentos tristes sean aún más dolorosos.

Es inevitable que sintamos por momentos que la película tiene un mejor hogar en la televisión: el formato de imagen, más estrecho que el widescreen, sin duda ayuda a esto. Sin embargo, creo que es una elección acertada para darle un toque más íntimo a la historia, y es una elección que apoya, desde la parte estética, el realismo social que caracteriza a la película, y que por momentos recuerda al cine de los hermanos Dardenne (El niño de la bicicleta, Dos días, una noche).

Es sorprendente también el trabajo que hace el director con un reparto en su mayoría compuesto de actores no profesionales, entre los que se destaca el protagonista, Bryan Santamaría. Sumergiéndose en los matices de la sociedad que lo engendró, Lolli ha logrado construir un relato de pequeña escala pero de grande alcance, y un primer largometraje que nos deja ansiosos de más.

Una crítica de Luis Felipe Raguá M.

Fuente: Filmicas

Gente de bien (2014): Reseña

La proyección comenzará a las 19:00 horas el jueves 2 de marzo en el salón de actos del Centro Joaquín Roncal. Entrada libre hasta completar aforo.

“Sofía y el Terco”. Una fábula bien contada

Con alguna frecuencia en el imaginario colectivo ajeno al país el cine de Colombia tiene que ver con historias llenas de violencia, lenguaje sucio, narcotráfico, traición e infidelidad. Afortunadamente, el país también cuenta con oleadas de frescura, en las cuales la creatividad, la ternura, la espontaneidad, la buena actuación y la belleza de la historia sobresalen. Una de estas películas es “Sofía y el Terco”, la ópera prima del escritor y director Andrés Burgos y que ganó el Premio Especial de Jurado en su participación en el Festival Internacional de Cine de Cartagena. La presencia de Carmen Maura, como es natural, confiere un aura positiva al filme. Ella aceptó participar atraída por la calidad del guión y por la idea de formar parte de una ópera prima de un buen escritor, en la cual tuvo el desafío de representar un papel lleno de mensajes y de expresividad, sin decir una sola palabra.

La vida en los pequeños pueblos de las zonas frías de los Andes colombianos puede ser extremadamente rutinaria, sin que por ello deje de tener un encanto singular. La bella fotografía de Sofía y el Terco nos deleita, todos los días, con los fríos amaneceres del páramo; el sol de la mañana rompe tímidamente las nieblas en las montañas, dejando entrever las casas campesinas entre los tonos blancos de la bruma. Sofía es la esposa fiel que se levanta, abre la ventana, respira el aire fresco, hace el desayuno, acicala a Alfredo, el marido, y lo despacha diariamente hacia el pueblo, para que gaste sus días de tendero en un lugar donde nada rompe la monotonía. Burgos narra con todo cuidado esta vida de rutina absoluta, a través de escenas que se repiten varias veces, teniendo cuidado de añadir en cada ocasión algún detalle singular que rompa las repeticiones. Va estableciendo, de este modo, insinuaciones de historias pequeñas que mantienen la atención del espectador. Hay un mensaje subyacente: la monotonía se puede soportar en la medida en que los protagonistas tengan, aunque sea, pequeñas opciones para contar o imaginar alguna historia.

Para Sofía el rompimiento de su monotonía de esposa está en tres aspectos: sus sueños, la música y la amistad. En cada uno de ellos, Burgos se recrea. Es notable y novedosa la forma en que nos introduce en los sueños de Sofía, a través de imágenes y diseños infantiles; utiliza collages de materiales y de formas, que representan al mar, con sus olas y sus peces, con los cuales goza infantilmente una Sofía, anciana de carne y hueso, rozagante y sonriente, de vestido de baño recatado. En una variación del tema de los sueños infantiles y adultos, a veces aparecen escenas en las cuales Sofía se encuentra en medio del verdor de los campos, con la niñita que fue, a la vez aventurera y temerosa. Se va estableciendo, en esta forma, la empatía del espectador con esta mujer y sus sueños: mujer esclava de unas rutinas que se soportan a base de imágenes de ensueño y de recuerdos de niñez.

En estos pueblos, seguramente, las personas se van acostumbrando las unas a las otras, y la constante presencia del otro puede dar espacios para la amistada perfecta, aquella que soporta el paso del tiempo, que solo se rompe con la muerte. Sofía tiene a Mercedes, su amiga, magníficamente protagonizada por Constanza Duque. Una vez que despacha a su marido, Sofía se desplaza a la casa de Mercedes para disfrutar con ella de un programa secreto, lleno de intimidad y confianza mutua: escuchar música moderna, calladamente, cada una con su par de audífonos, sentadas cercanamente. Burgos nos acerca delicadamente, con tomas repetidas, al movimiento rítmico de sus pies, vestidos con pantuflas de lana, perfectamente sincronizados, y a sus miradas absortas en la música y en el momento, como símbolo de los ideales de la amistad abandonada. Como se trata de dos actrices excelsas, que disfrutan de estos momentos, y como el director no se gasta afanes, el resultado es increíblemente íntimo y tierno.

Estas escenas musicales, de ensoñación y amistad, son la preparación para una singular película de carretera que transporta a Sofía desde las cumbres andinas hasta el mar de sus ensueños. El “road movie” nunca pierde su encanto para expresar aspectos inesperados en los protagonistas, en la carretera misma, en los paisajes del camino. Burgos cae en cuenta de que Colombia es especialmente atractiva para este género y se atreve a contar la historia de Sofía sufriendo avatares entre caminos de montañas, robos, camioneros y fondas, no exentos del encuentro con un par de personajes que equilibran la historia, para que no sea meramente la de una mujer vieja e ilusa perdida en sus locuras, sino que se convierte en una jornada de transformación personal para ella y para los seres que encuentra en su viaje.

¿Y qué hay de la terquedad? Alfredo es el símbolo de la rutina misma, que siempre sale de la casa y llega a la misma hora, que dice las mismas palabras y con los mismos gestos, que hace las mismas cosas, que ronca siempre en la misma forma terca e insistente. Posee un machismo terco, acostumbrado a la generosa entrega de su mujer, la cual acepta como algo natural, que se da por hecho garantizado de la vida. ¿Qué pasa cuando la mujer abandona el hogar y deja el nido vacío? Burgos aprovecha estas circunstancias para contar detalladamente, lentamente, una historia adicional: una lección sobre la soledad profunda y el deterioro personal que implica la vida del hombre solo. En este sentido, la película es un homenaje a la capacidad femenina para equilibrar la terquedad machista del hombre. Un homenaje que para nada se resigna a que el personaje femenino aparezca apagado y disminuido, sino que encuentra en el profundo interior de la mujer una reserva de sabiduría, de creatividad y de capacidad para la aventura, que quizás los hombres tercos no llegarán a intuir y, menos, a experimentar.

Vale la pena disfrutar de esta bella fábula bien contada, que se puede apreciar sin afanes, para sentir un aliento de aire fresco, una onda de cine nuevo y creativo, para contribuir a romper la imagen terca de violencia  de la sufrida Colombia.

Una crítica de Enrique Posada

Fuente: El espectador Imaginario

La proyección comenzará a las 20:00 horas en el salón de actos de La Armas. Entrada libre hasta completar aforo.

Devolverle el acordeón al diablo

El Jueves 16 de febrero en el Centro Joaquín Roncal comienzan las proyecciones de Principio de Temporada dedicadas al cine colombiano con la película de Ciro Guerra “Los viajes del viento”

Ignacio Carrillo es un juglar de Majagual, Sucre, quien, de su maestro Guerra, recibió como regalo un acordeón que éste le ganó al diablo en una piquería (competencia de juglares). Ahora, Carrillo carga con la maldición de que “todo aquel que toque el negro acordeón se convertirá en un juglar para siempre”. El instrumento, al que distingue un par de cuernos, acompaña al viejo músico a donde quiera que vaya, pero ahora él está de luto por la muerte de su mujer y ya no quiere tocarlo. Así es que ha emprendido un largo viaje en burro con el deseo de llegar hasta la alta Guajira donde habita el maestro Guerra (¿no es curioso que sea éste el apellido del director del filme?), con la esperanza de que pueda quitarle la maldición.

Un joven llamado Fermín, acompañará al acordeonista en su larga travesía y una singular relación, de aprobación y rechazo, aprendizaje y desprecio, y de largos silencios, ocasionalmente rotos por austeras palabras, se dará entre ellos hasta crear un lazo inextricablemente estrecho. Las praderas y los ríos, el sol y el viento, serán testigos de este viaje donde, el viejo y el muchacho, quieren cumplir una promesa, pero sobre todo, ansían encontrarse consigo mismos.

La historia que nos cuenta el director Ciro Guerra, nos recuerda irremediablemente el también singular viaje de esa joya de David Lynch, conocida como “The Straight story”, donde otro viejo que sale en su podadora a visitar a su hermano enfermo, se convierte en un magnífico mensajero. Pero, Guerra hace lo suyo muy a la colombiana, con los mitos de la zona pacífica; la festiva música que los anima; la pasión, la serenidad y la furia que les caracteriza; y los esplendorosos paisajes que nada tienen que envidiar a las llanuras norteamericanas.

“LOS VIAJES DEL VIENTO” es un filme que despertará gratas sensaciones a todos aquellos que saben vivir sin prisa, que saben degustar con ambos oídos los sonidos de la naturaleza, y que entienden que, la palabra sólo debe usarse, cuando lo que se va a decir es mucho mejor que el silencio. También la música producirá sensaciones placenteras (inolvidable “Caballito”)… y aquel par de sensibles buscadores, dejarán una huella, porque tienen Vida y no están nada lejos de lo que, en definitiva, todos anhelamos.

Crítica  de Luis Guillermo Cardona

La proyección comenzará a las 19:00 horas en el salón de actos del Centro Joaquín Roncal. Entrada libre hasta completar aforo.

Programación completa de Principio de Temporada dedicado a Colombia

Desde el 15 de febrero al 31 de marzo el Festival de Cine de Zaragoza volverá a celebrar en la ciudad su sección dedicada a la cinematografía y cultura de otro país, Principio de Temporada. En esta ocasión la cita será con Colombia.

Fotograma de “Chocó”

Colombia, de actualidad en fechas recientes por esa ansiada Paz a la que están llegando de la mano del acuerdo y el entendimiento, es mucho más que el estereotipo violento y conflictivo, que en algunas ocasiones y casi siempre desde latitudes ajenas, se nos ha mostrado.

Los Hongos

Colombia es cine,  música, literatura y creatividad. Cuna de grandes genios que han cambiado la historia de la literatura hispana y de grandes músicos que son referente mundiales.

El Festival de Cine de Zaragoza abre el año con una programación a la altura de este maravilloso país, su cine y su cultura.

Programación Completa

Cine

Jueves 16/02/2017

Centro Joaquín Roncal 19:00 h. Cine

“Los viajes del viento” de Ciro Guerra. 2009 117’

 

Domingo 26/02/2017

Las Armas 20:00 h. Cine

“Sofía y el terco” de Andrés Burgos. 2012  84’

 

Miércoles 1/03/2017

Las Armas 20:00 h. Cine

“La tierra y la sombra” de César Acevedo. 2015  94’

 

Jueves 2/03/2017

Centro Joaquín Roncal 19:00 h. Cine

“Gente de bien” de Franco Lolli. 2015 187’

 

Miércoles 8/03/2017

Centro Joaquín Roncal 19:00 h. Cine

“Chocó” de Jhonny Hendrix Hinestroza. 2012  80’

 

Jueves 9/03/2017

Biblioteca Cubit 19:00 h. Cine

“Gabo, la magia de lo real” de Justin Webster. 2015  90’

 

Domingo 12/03/2017

Las Armas 20:00 h. Cine

“Los hongos” de Oscar Ruíz Navas. 2014  103’

 

Martes 14/03/2017

Biblioteca Cubit 19:00 h. Cine

“Del amor y otros demonios” de Hilda Hidalgo. 2010  97’

Exposiciones

 

Miércoles 15/02/2017 al sábado 11/03/2017

Centro Joaquín Roncal  Exposición fotográfica

“Mujer Atlas. Conflicto en Colombia”. Fotografías de Colita

De lunes a viernes de 18 a 21 h. y sábados de 11 a 13:30 y  18 a 21 h.

 

Martes 7/03/2017 al viernes 31/03/2017

Biblioteca Cubit  Exposición/intervención

“Mi Macondo”

De lunes a viernes de 9 a 21 h. Fines de semana y festivos cerrado.
Martes 7/03/2017 al viernes 31/03/2017

Biblioteca Cubit  Exposición bibliográfica y de fondos de la biblioteca

“Mi Macondo”

De lunes a viernes de 9 a 21 h. Fines de semana y festivos cerrado.

 

Agradecemos la colaboración de Proimagenes Colombia, Embajada de Colombia en España, ACNUR España, Centro Joaquín Roncal, Las Armas y Biblioteca para Jóvenes Cubit.

Exposición “Mujer Atlas. Conflicto en Colombia” en el Joaquín Roncal

El primer acto del ciclo que dedicamos al cine y la cultura de Colombia hemos querido tocar las consecuencias del conflicto vivido en el país durante las últimas 6 décadas a través de una exposición de fotografías de mujeres desplazadas por la violencia.  Una llamada de atención a esas consecuencias que trajo la guerra y que no han desaparecido, ya que las heridas comienzan a curarse ahora.

La Exposición

El conflicto de décadas que ha asolado Colombia toca a su fin gracias a al proceso de paz culminado en fechas recientes. Pero las consecuencias seguirán vivas durante un tiempo y una de las más dolorosas y de complicadísima solución es el tema de los desplazados.

Desde 1985, 6,9 millones de personas han sido desplazadas internamente, de las cuales cerca del 60% han huido a los barrios de chabolas de las 25 ciudades más grandes de Colombia. Además, hay unos 360 000 refugiados colombianos en países vecinos y otras regiones. La mayoría de estos últimos no pasaron por los procedimientos de asilo formal y, por lo tanto, no poseen un estatus migratorio regular, lo que los hace “invisibles” en los territorios de los países de asilo.Los desplazados internos y refugiados (y refugiados repatriados) viven, en su mayoría, en situaciones de desplazamiento prolongado.

Por eso hemos desde el festival de Cine de Zaragoza hemos querido recuperar esta exposición de ACNUR que trata un tema que comenzará a resolverse con la Paz. Esta muestra fotográfica es una llamada de atención para no dejar que el olvido a los que más han sufrido la violencia y la guerra en Colombia.

La exposición muestra a mujeres desplazadas de Barranquilla y Cartagena, las dos principales ciudades de la costa colombiana sobre el Mar del Caribe. Muchas son parte de proyectos de ACNUR, uno de ellos denominado como “Sueño y esperanza”, que apoya a niñas de 12 a 18 años, que están en situación de desplazamiento y además algunas de ellas embarazadas.

Colita

Colita (Isabel Steva) nace en Barcelona, en pleno corazón del barrio del Ensanche, un 24 de Agosto de 1940.

Una de las fotógrafas más importantes del siglo XX, por el objetivo de su cámara han pasado desde Gabriel García Márquez o Orson Wells hasta Carmén Amaya, Ana María Matute o Terenci Moix. Fotógrafa de la Barcelona de la transción, feminista hasta la médula y una mujer que siempre ha trabajado por sus ideales.
Su obra figura en la colección del Museu Nacional D’Art de Catalunya, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Fundación Elsa Peretti, etc. En 1998, el Ayuntamiento de Barcelona le impone la medalla de Oro al Merito Artístico, junto a los fotógrafos Oriol Maspons y Leopoldo Pomès. También se le concede en 2004 la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya y en 2009 el Premi FAD d’Honor.
En 2014 se le concede el Premio Nacional de Fotografía, que rechaza por la situación de la cultura y la educación en España.
Exposición abierta del 15 de febrero al 11 de marzo .De lunes a viernes de 18 a 21 h. y sábados de 11 a 13:30 y de 18 a 21 h. Domingos y festivos cerrado. Entrada libre

 

Organiza: ACNUR y Festival de Cine de Zaragoza