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Chocó, una mujer que resiste

Sin duda no podríamos haber elegido mejor la película del ciclo de cine colombiano que se proyectará este miércoles 8 de marzo coincidiendo con el día internacional de la mujer. Chocó es una película cruda, pero que da visibilidad a la situación que viven muchas mujeres en diversos lugares. Muchos de ellos muy lejanos, otros al lado mismo de nuestra casa.

El Chocó es un departamento de Colombia, situado en la región del Pacífico, en la frontera con Panamá. Desde el punto de vista ecológico y geográfico es un tesoro, regado por caudalosos ríos, cubierto de selvas tropicales, abundante en especies de aves, reptiles y una flora paradisíaca. Una cadena de altas montañas, al oriente, lo aísla de la zona andina y da lugar a lluvias torrenciales y frecuentes. La mayor parte de su población es de raza negra, afrodescendientes de las poblaciones de esclavos que fueron traídos a Colombia. El resto proviene de etnias indígenas o son mestizos o mulatos. Es una de las regiones del país con mayores índices de pobreza, sus habitantes han migrado desde hace tiempos a la zona andina y a la costa atlántica, que se ha venido enriqueciendo con estas gentes, en general pacíficas, trabajadoras, y ricas en tradiciones culturales, muchas de ellas del más puro origen africano.

La región tiene fama de ser rica, por sus recursos mineros, oro y platino, sus ríos y sus selvas, pero condenada a la miseria y al abandono centralista, sin suficientes vías de comunicación, sin puertos, y sometida al expolio de aventureros, malos políticos y negociantes. Chocó, ópera prima de Johnny Hendrix Hinestroza, nacido en la región, se basa en un personaje femenino que tiene ese mismo nombre. Es evidente el carácter simbólico de esta elección, ya que ella representa al Chocó, personificado en mujer inteligente, trabajadora, esforzada y valiente, que lucha por su dignidad y sus hijos, en un ambiente complejo, lleno de belleza natural y de miseria, y excelsamente rico en tradiciones culturales y en dignidad ancestral. Cuando ella canta, hacia el final del filme, la tradicional canción, el lamento chocoano “Óyeme Chocó, oye por favor, tú no tienes por qué estar sufriendo así; la resignación de tu corazón se agotará y el día llegará de tu redención…” es una viva representación de los lamentos de su tierra y de sus habitantes.

Ya que Chocó es una mujer, el mejor simbolismo de expolio y de abandono es el estar sometida a diversas formas de machismo, y este es el tema central. Su marido es un hombre bien parecido, músico y de naturaleza alegre, pero absolutamente atrapado por el licor, por el juego, la irresponsabilidad y la desidia, incapaz de apreciar la profunda dignidad y sabiduría de Chocó, a quien trata meramente como objeto sexual, y de poner atención y educar a sus dos bellos hijos, enteramente dependientes de los esfuerzos de su madre.

Como mujer, Chocó, no podría faltar a otro simbolismo. Ella, como el territorio, sufre los desmanes de la minería ilegal, aquella que arrasa con los territorios, que explota a los mineros y que se aprovecha del desempleo rampante, imponiendo condiciones y humillando. Y un tercero adicional, el de los comerciantes foráneos, que se aprovechan de la ignorancia y de las necesidades para manipular y engañar a las gentes. Bajo este simbolismo, Chocó-mujer se ve condicionada por el tendero del lugar a ceder su orgullo y su dignidad de mujer a cambio de la oportunidad de regalar un instante de felicidad a su hija, ya que “cuando el amor sabe a tarta, una madre es capaz de todo”. Esto ocurre en una escena asimétrica, más bien grotesca, de poca calidad estética, sin duda con la intención de contrastar lo macho-abusivo-brutal con lo femenino-digno-ofendido.

Como lo manifiesta en una entrevista a el director tomó esta película como una oportunidad para resaltar los valores del Chocó-región, a través de la Chocó-mujer, poniendo énfasis en ubicarla en un ambiente sencillo, comunitario, respetuoso, cuidando que la parafernalia invasiva de una producción de este tipo no perturbara negativamente, sino más bien buscando crear impactos positivos. Para ello se generaron talleres audiovisuales con la comunidad y se hicieron documentales con sus vivencias y sus historias, contadas por ellos mismos. Comenta Hendrix que las comunidades se enamoraron del proyecto, al igual mucha de la gente que trabajó en la película, que aceptaron salarios modestos y aportaron como si se tratara de una cooperativa.

Por todo lo anterior, no es extraño que esta cinta tenga algunos aspectos de tipo documental y cultural, que se insertan inesperadamente, y que tienen sentido en la historia en la medida en que se capte la simbiosis Chocó-mujer-territorio. Vale la pena resaltar, por su belleza y su gran valor cultural, las escenas del inicio, dedicadas a las antiguas tradiciones de los “Alabaos”, cantos corales de alabanza y exaltación religiosa, acostumbrados por la población chocoana en los velorios de los adultos. Se cantan en tono de lamento y alabanza, con acento salmodiano y modulaciones propias de la música colectiva de las tradiciones africanas. No es de menor belleza en el cierre y en el intermedio, el muestrario que se hace de las devociones a San Pacho (San Francisco) y a la Virgen, con procesiones en el río y en las calles, llenas de colorido y de sentido popular. También en este caso, Chocó-mujer protagoniza estos sentimientos y en ellos se escuda, de cierta forma, para protagonizar un acto extremo de valentía y de liberación, algo que Chocó-región no ha podido experimentar.

Chocó tuvo muy buena acogida en los Festivales de cine de Cartagena y de Berlín sin duda merecida por la historia que se cuenta, por las analogías que se establecen, por la naturalidad de los personajes y del paisaje, a los cuales hace honor una buena fotografía. Hay que resaltar la intención del director y del equipo por introducir esta región a través de cine, a un contexto amplio, tanto nacional como internacional. la película ha logrado que se vea con gusto, con curiosidad, entretenidamente y despierta en el espectador admiración por esta Chocó-mujer, valiente y digna.

Una crítica de Enrique Posada

Fuente: El espectador imaginario

http://www.elespectadorimaginario.com/choco/

La proyección comenzará a las 19:00 horas del miércoles 8 de marzo en el salón de actos de Centro Joaquín Roncal. Entrada libre hasta completar aforo.

 

“Gente de Bien”. La dignidad de los de abajo

Se acerca navidad y la madre del pequeño Eric debe irse por un tiempo, así que deja a su hijo una temporada con su padre, viviendo en una pequeña pensión en el centro de Bogotá. En el día, Eric lo acompaña a hacer un trabajo de carpintería en el apartamento de una profesora universitaria, de estrato marcadamente más alto, que de inmediato se preocupa por el niño y lo invita a pasar tiempo con su propio hijo. Eventualmente, ella invitará a padre e hijo a pasar las fiestas en la casa de campo que comparte con su familia.

La primera vez que vemos a los personajes —un padre comprensivo y preocupado por ofrecerle a su hijo lo poco que tiene; una profesora en un apartamento con ciertos lujos, peleando a gritos con su hija— el director Franco Lolli parece dejarnos claro quién es la verdadera “gente de bien” (sobre todo cuando este concepto se usa tradicionalmente para designar a la gente de clase alta). Pero Lolli es más astuto que eso, y las ambigüedades morales que conlleva el título se van revelando a medida que avanza la historia:

¿Hace bien él en permitir a su hijo pasar más tiempo con la familia de la señora que con la suya? ¿Se ve comprometida su dignidad al hacerlo? ¿Es válida su frustración al hacerlo si sabe que así le está brindando lo mejor a su hijo? ¿Es eso, de hecho, lo mejor? ¿Hace bien ella en acoger al niño dentro de su hogar? ¿O representa ella el proverbio que dice “De buenas intenciones está hecho el camino al infierno”?

En cada palabra, en cada mirada de los personajes, se va enredando más la maraña de sus sentimientos y se hace más evidente la intensa complejidad que cualquier realidad social contiene, y el hecho de que las diferencias sociales están siempre presentes, silenciosas, sutiles, pero filtrándose en cada interacción humana en una sociedad de clases; más en una como la bogotana. Esto es evidente, por ejemplo, en la barrera invisible que parece existir entre el padre de Eric y la familia de la profesora, y que hace tan extraño el momento en que él se acerca a ellos; o en la discusión de los jóvenes, aparentemente simple, acerca de sus destinos para vacaciones.

Lolli logra elaborar una historia muy sencilla, privilegiando una melancolía de cocción lenta en vez de momentos de dramatismo intenso, y logrando así que los momentos tristes sean aún más dolorosos.

Es inevitable que sintamos por momentos que la película tiene un mejor hogar en la televisión: el formato de imagen, más estrecho que el widescreen, sin duda ayuda a esto. Sin embargo, creo que es una elección acertada para darle un toque más íntimo a la historia, y es una elección que apoya, desde la parte estética, el realismo social que caracteriza a la película, y que por momentos recuerda al cine de los hermanos Dardenne (El niño de la bicicleta, Dos días, una noche).

Es sorprendente también el trabajo que hace el director con un reparto en su mayoría compuesto de actores no profesionales, entre los que se destaca el protagonista, Bryan Santamaría. Sumergiéndose en los matices de la sociedad que lo engendró, Lolli ha logrado construir un relato de pequeña escala pero de grande alcance, y un primer largometraje que nos deja ansiosos de más.

Una crítica de Luis Felipe Raguá M.

Fuente: Filmicas

Gente de bien (2014): Reseña

La proyección comenzará a las 19:00 horas el jueves 2 de marzo en el salón de actos del Centro Joaquín Roncal. Entrada libre hasta completar aforo.

Devolverle el acordeón al diablo

El Jueves 16 de febrero en el Centro Joaquín Roncal comienzan las proyecciones de Principio de Temporada dedicadas al cine colombiano con la película de Ciro Guerra “Los viajes del viento”

Ignacio Carrillo es un juglar de Majagual, Sucre, quien, de su maestro Guerra, recibió como regalo un acordeón que éste le ganó al diablo en una piquería (competencia de juglares). Ahora, Carrillo carga con la maldición de que “todo aquel que toque el negro acordeón se convertirá en un juglar para siempre”. El instrumento, al que distingue un par de cuernos, acompaña al viejo músico a donde quiera que vaya, pero ahora él está de luto por la muerte de su mujer y ya no quiere tocarlo. Así es que ha emprendido un largo viaje en burro con el deseo de llegar hasta la alta Guajira donde habita el maestro Guerra (¿no es curioso que sea éste el apellido del director del filme?), con la esperanza de que pueda quitarle la maldición.

Un joven llamado Fermín, acompañará al acordeonista en su larga travesía y una singular relación, de aprobación y rechazo, aprendizaje y desprecio, y de largos silencios, ocasionalmente rotos por austeras palabras, se dará entre ellos hasta crear un lazo inextricablemente estrecho. Las praderas y los ríos, el sol y el viento, serán testigos de este viaje donde, el viejo y el muchacho, quieren cumplir una promesa, pero sobre todo, ansían encontrarse consigo mismos.

La historia que nos cuenta el director Ciro Guerra, nos recuerda irremediablemente el también singular viaje de esa joya de David Lynch, conocida como “The Straight story”, donde otro viejo que sale en su podadora a visitar a su hermano enfermo, se convierte en un magnífico mensajero. Pero, Guerra hace lo suyo muy a la colombiana, con los mitos de la zona pacífica; la festiva música que los anima; la pasión, la serenidad y la furia que les caracteriza; y los esplendorosos paisajes que nada tienen que envidiar a las llanuras norteamericanas.

“LOS VIAJES DEL VIENTO” es un filme que despertará gratas sensaciones a todos aquellos que saben vivir sin prisa, que saben degustar con ambos oídos los sonidos de la naturaleza, y que entienden que, la palabra sólo debe usarse, cuando lo que se va a decir es mucho mejor que el silencio. También la música producirá sensaciones placenteras (inolvidable “Caballito”)… y aquel par de sensibles buscadores, dejarán una huella, porque tienen Vida y no están nada lejos de lo que, en definitiva, todos anhelamos.

Crítica  de Luis Guillermo Cardona

La proyección comenzará a las 19:00 horas en el salón de actos del Centro Joaquín Roncal. Entrada libre hasta completar aforo.

Exposición “Mujer Atlas. Conflicto en Colombia” en el Joaquín Roncal

El primer acto del ciclo que dedicamos al cine y la cultura de Colombia hemos querido tocar las consecuencias del conflicto vivido en el país durante las últimas 6 décadas a través de una exposición de fotografías de mujeres desplazadas por la violencia.  Una llamada de atención a esas consecuencias que trajo la guerra y que no han desaparecido, ya que las heridas comienzan a curarse ahora.

La Exposición

El conflicto de décadas que ha asolado Colombia toca a su fin gracias a al proceso de paz culminado en fechas recientes. Pero las consecuencias seguirán vivas durante un tiempo y una de las más dolorosas y de complicadísima solución es el tema de los desplazados.

Desde 1985, 6,9 millones de personas han sido desplazadas internamente, de las cuales cerca del 60% han huido a los barrios de chabolas de las 25 ciudades más grandes de Colombia. Además, hay unos 360 000 refugiados colombianos en países vecinos y otras regiones. La mayoría de estos últimos no pasaron por los procedimientos de asilo formal y, por lo tanto, no poseen un estatus migratorio regular, lo que los hace “invisibles” en los territorios de los países de asilo.Los desplazados internos y refugiados (y refugiados repatriados) viven, en su mayoría, en situaciones de desplazamiento prolongado.

Por eso hemos desde el festival de Cine de Zaragoza hemos querido recuperar esta exposición de ACNUR que trata un tema que comenzará a resolverse con la Paz. Esta muestra fotográfica es una llamada de atención para no dejar que el olvido a los que más han sufrido la violencia y la guerra en Colombia.

La exposición muestra a mujeres desplazadas de Barranquilla y Cartagena, las dos principales ciudades de la costa colombiana sobre el Mar del Caribe. Muchas son parte de proyectos de ACNUR, uno de ellos denominado como “Sueño y esperanza”, que apoya a niñas de 12 a 18 años, que están en situación de desplazamiento y además algunas de ellas embarazadas.

Colita

Colita (Isabel Steva) nace en Barcelona, en pleno corazón del barrio del Ensanche, un 24 de Agosto de 1940.

Una de las fotógrafas más importantes del siglo XX, por el objetivo de su cámara han pasado desde Gabriel García Márquez o Orson Wells hasta Carmén Amaya, Ana María Matute o Terenci Moix. Fotógrafa de la Barcelona de la transción, feminista hasta la médula y una mujer que siempre ha trabajado por sus ideales.
Su obra figura en la colección del Museu Nacional D’Art de Catalunya, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Fundación Elsa Peretti, etc. En 1998, el Ayuntamiento de Barcelona le impone la medalla de Oro al Merito Artístico, junto a los fotógrafos Oriol Maspons y Leopoldo Pomès. También se le concede en 2004 la Creu de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya y en 2009 el Premi FAD d’Honor.
En 2014 se le concede el Premio Nacional de Fotografía, que rechaza por la situación de la cultura y la educación en España.
Exposición abierta del 15 de febrero al 11 de marzo .De lunes a viernes de 18 a 21 h. y sábados de 11 a 13:30 y de 18 a 21 h. Domingos y festivos cerrado. Entrada libre

 

Organiza: ACNUR y Festival de Cine de Zaragoza