Grafiti para escapar

Desde hace pocos años se viene registrando un tipo de turismo particular en la ciudad de Bogotá, el del Grafiti Tour.  Aunque aquí no lo sepamos son muchos los turistas  que llegan al país para recorrer las calles de la ciudad y detenerse en lo más destacado del Street Art. La actividad que en realidad tomó fuerza desde hace seis años, fue ideada por un australiano que ha destacado al grafiti colombiano como uno de los mejores del mundo.

La  película de Oscar Ruíz Navia también presenta lo más bonito del arte callejero pero de la ciudad de Cali, en su segundo largometraje Los Hongos.

La primera barrera que hay que vencer para ver este film es la del título. Que no lo confunda con que se trata de una historia aderezada por las drogas y la extravagancia, Los Hongos es un título descriptivo no precisamente de su historia, sino más bien de cómo son vistos por la sociedad ese tipo de personajes que no casan dentro de los estándares y expresan su visión del mundo de forma crítica y auténtica.

Es la historia de dos adolescentes con vidas distintas; uno es el afrodescendiente Ras, quien llega a la ciudad, al distrito de Aguablanca desplazado junto a su madre, y el otro es Calvin, un universitario hijo de padres separados, de clase media y que vive con su abuela, una anciana llena de amor por su nieto y que padece de cáncer. A ambos los une el amor por el arte callejero. Llenar a escondidas las paredes de la ciudad con sus dibujos es lo que más lo motiva y por eso hacen todo por conseguir las pinturas para realizarlas, lo que le trae como consecuencia a Ras  el ser despedido por robar pintura de la construcción donde trabajaba.

Se podría decir que Los Hongos es un film ecléctico que mezcla varias estéticas, hay mucho movimiento (se fijarán en una escena genial sobre este aspecto que ocurre en el Túnel de la Avenida Colombia, inaugurado en Mayo de 2013 en Cali), que tiene a varios personajes diferentes entre sí, y muchos tópicos que pasan por el amor a la familia, la amistad, la juventud y la aventura, a la crítica social, la religión, la política – haciendo uso de la sátira -, y la locura de la calle. Aunque toda esta mezcla no pareciera ser orgánica en su conjunto; hay transiciones bruscas, cambios de ambiente notoriamente diferentes, son decisiones desde la cámara y el montaje (sobre todo) que terminan por confirmar el carácter urbano y semirreal de este largometraje. La fotografía es vívida, lo que se traduce en una nítida experiencia en pantalla, gracias también a que su formato de rodaje fue el de 35mm.

La elaboración de un gran grafiti temático es la excusa para mostrar el arte de estos artistas y que nos permite entrar en su mundo, su estilo de vida y pensamiento, que seguramente pondrá a reflexionar a muchos, especialmente a aquellos con prejuicios. Los actores que participan en la película son reales, grafiteros de la movida en la ciudad que colaboraron con Oscar Ruíz, que improvisaron bastante y que ayudaron a moldear el guión.

A pesar de ser una película urbana, no hay mayor bullicio o psicodelia, transcurre el film con cierta pausa (ojo, no es la temida película contemplativa), pero si de cuidada fotografía y de composiciones de gran belleza. Su final es una muestra de la delicadeza estética de este director y de las cosas profundas que siempre quiere transmitir. Le gustará al espectador que aunque sus personajes viven en un entorno difícil y que su oficio es reprimido, no hay dramatismos, por el contrario hay esperanza.

Si contar con actores amateurs le da intimismo a la película, el director también ha puesto un sello personal al incorporar a su abuela (ya fallecida) y a su padre (Gustavo) en la historia.

Los Hongos recibió en el Festival de Cine de Locarno un premio especial.

Intenciones del Director

“Los Hongos tiene que ver con mi vida en Cali, una ciudad intermedia del suroccidente colombiano donde nací, fui criado, estudié y me enamoré del cine. Durante un tiempo estuve lejos, pero tras la enfermedad y posterior muerte de mi abuela, decidí regresar. Quise hacer un film que mezclara mis recuerdos con mis nuevas vivencias, los lugares que he transitado con los que desconocía, las personas que me han acompañado durante toda la vida con aquellas que llegaron con esta experiencia. Trabajar en el limbo entre algo que puedo controlar y algo que se sale de mi total control -con la enorme dificultad que todo eso implica- me llena de profunda fascinación”

“Esta no es una película hedonista. Es por el contrario un proyecto que surge de un dolor. La mayoría de personas al escuchar el título Los Hongos sitúan de inmediato su imaginario en una idea sicodélica, de drogas y placer. Pues bien, la metáfora en el título remite a los hongos explorando su sentido literal: seres vivos que aparecen en contextos de tremenda podredumbre y descomposición. Los hongos son la vida que surge en la muerte. Y es ahí donde podría radicar el espíritu de este film: LA VIDA. Todas las personas que aparecen aportaron parte de su propia historia y existencia, creando un mundo que se aleja del realismo ortodoxo y se acerca mejor a una ensoñación; un tipo de mundo en el que huir en bicicleta a gran velocidad en medio del tráfico, mientras el viento roza la piel, puede devenir en una epifanía. Y con sueño no me refiero a una nebulosa, pienso en un “sueño documental”. Oscar Ruíz Navia

Una crítica de Sandra M Rios  para Cine Vista

La proyección comenzará a las 20:00 horas del domingo 12 de marzo en el salón de actos de Las Armas. Entrada libre hasta completar aforo.

El ‘rosebud’ de García Márquez

El documental ‘Gabo’ incide en la influencia de la vida del Nobel colombiano en toda su obra literaria.

¿Cómo pudo un crío de un pueblo del Caribe colombiano, Aracataca, hijo de un telegrafista que acabó como farmacéutico, escribir las novelas que cambiaron la historia de la literatura del siglo XX? A punto de cumplirse -el próximo viernes 17 de abril- el primer aniversario de la muerte del nobel Gabriel García Márquez, el documental Gabo, la magia de lo real, ahonda en la vida del impulsor del realismo mágico para encontrar las claves de su escritura. Y como en pocos artistas, las vivencias de García Márquez, en especial su infancia, marcaron toda su obra, así que Gabo busca ese rosebud -parafraseando a Ciudadano Kane- que explique el universo de Macondo.

El británico Justin Webster, su director, realizador también del sobrecogedor Seré asesinado, asegura que rehuyó el academicismo: “Está pensado para un público internacional, gente que no sabe mucho sobre él. Intenté que hubiera un hilo narrativo, el asombro de otro escritor colombiano, Juan Gabriel Vásquez, sobre la obra de alguien que nace en un entorno tan distinto al artístico. A mí me interesa mucho el proceso creativo y busqué de dónde venía este empeño, esta sensibilidad”. El colombiano, que ilustró su discurso del Nobel con una sobrecogedora sentencia -“Una nueva y arrasadora utopía de la vida […] donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”, que se refería tanto a su novela como a su ideología, nacida de su pasión por William Faulkner-, vivió los primeros ocho años de su vida con sus abuelos, un coronel y una mujer muy supersticiosa, mientras sus padres se ganaban la vida en Barranquilla y seguían teniendo hijos. En el filme, dos de los hermanos del autor, Jaime y Aída, recuerdan a su madre como una gran lectora amante de la “palabra precisa”. Pero son las charlas del autor con su abuelo -la influencia directa de El coronel no tiene quién le escriba- las que cimentan todo su devenir posterior. “Por un lado es un momento maravilloso; por otro, es una experiencia terrible”, cuenta Webster, “porque es abandonado por sus padres en una ciudad repleta de violencia y muerte. Es una construcción especial que deviene en una sensibilidad especial”.


El proyecto nace de la productora Kate Horne, y Webster -gran fan de García Márquez- se sumó posteriormente al proyecto, meses antes del fallecimiento del autor. “Cuando murió, el proyecto corrió peligro. Lo milagroso del proyecto es que lo hemos acabado en menos de un año”. Y aunque el realizador no lo diga, también sorprende la cantidad de material que maneja y muestra, además de voces de todo tipo: exnovias, hermanos, amigos, discípulos, periodistas y hasta dos expresidentes, César Gaviria (Colombia) y Bill Clinton (Estados Unidos). “Sí hay muy pocas entrevistas de García Márquez en cámara, porque era un gran tímido. Y las que existen no son realmente buenas, ya que le costaba relajarse. El Gabo real solo sale en las charlas con sus amigos. Así que pesqué en esas declaraciones televisivas algunos momentos que reflejen su personaje y su vida”.

 

Por la pantalla el espectador va descubriendo cómo logra publicar en El espectador sus primeros cuentos a los 13 años, cómo conoce a su esposa Mercedes cuando ella tiene 9 años y él 14, su pasión por el periodismo, su primera visita a Europa y su vida en París en 1955, donde ve por primera vez nevar (y se le escapa un “Mierda”, posterior final clásico de uno de sus clásicos), y cómo, ya casado, con hijos, asentado en México y con éxito como publicista y guionista, le confiesa a Mercedes que no puede más en un viaje a Acapulco. Él quiere escribir. Ahí nace Cien años de soledad (1967), un éxito instantáneo, best seller desde su primera semana en las librerías. De repente se convierte en el escritor más famoso del mundo. “Sin embargo, a pesar de su conexión con el público, su historia no es tan conocida”.

Casi todas sus novela se pueden rastrear en acontecimientos que vivió y que le contaron durante su infancia y adolescencia. Así que la vida le dio un mal requiebro en sus últimos años borrándole la memoria, él, tan obsesionado por ella. “Quedó su ternura”, se oye en Gabo. “Para todos la muerte tiene un gran peso, obviamente, pero para García Márquez estaba mucho más presente desde su infancia. Eso lo hizo más vivo”, dice Webster. En una entrevista, el Nobel habla de la injusticia de la muerte, a la que solo se puede evitar de una manera: “Escribiendo mucho”.

Una crítica de GREGORIO BELINCHÓN

Extraído de El País

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/04/14/actualidad/1429010188_668909.html

La proyección comenzará a las 19:00 horas el jueves 9 de marzo en la tercera planta de la Biblioteca Cubit. Entrada libre hasta completar aforo.

Macondo en Zaragoza

El próximo martes, 7 de marzo, el Festival de Cine de Zaragoza inaugura la exposición “Mi Macondo”, un homenaje al escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, en un año en el que se celebra el 50 aniversario de su obra cumbre, “Cien años de soledad”. La muestra, que podrá visitarse en la Biblioteca Cubit hasta el 31 de marzo, se enmarca dentro del ciclo “Principio de Temporada”, que este 2017 se dedica a Colombia.

La inauguración que comenzará a partir de las 19.00 horas en la tercera planta de la Biblioteca Cubit (calle Más de las Matas nº20pretende homenajear a la figura del escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

Además, la muestra coincide con el 90º aniversario del nacimiento de García Márquez y los 50 años de la publicación de su obra cumbre, “Cien años de soledad”, una novela que cambió para siempre la historia de la literatura hispanoamericana. Precisamente, la aldea ficticia de Macondo, donde transcurre esta obra literaria, es la que da nombre a la exposición, en la que los visitantes podrán adentrarse en los símbolos de ficción y realidad que encierra esta obra así como en las frases más conocidas de la misma. Las mariposas amarillas, tan unidas a la simbología de Gabriel García Márquez, estarán presentes en la exposición a través del origami con cientos de ellas. Esta exposición es, asimismo, una intervención abierta a todos los públicos. En la zona expositiva, se podrán encontrar instrucciones sobre cómo intervenir haciendo tu propia mariposa amarilla. Esta es una iniciativa del colectivo Somos Arte comisariada por Angel De Manuel.

Asimismo, dentro del acto inaugural, el martes, a partir de las 19.30 horas, tendrá lugar la presentación de la novela “El Gran Hotel del Salto”, de la periodista zaragozana Marga Barbáchano, ambientada en la Colombia de principios del siglo XX y en la que Gabriel García Márquez aparece como uno de los personajes de la novela.

Barbáchano es licenciada en Periodismo y en Filosofía y Letras, además de graduada en Psicología y en Publicidad. Ha trabajado como periodista en diferentes medios de comunicación de Barcelona y Zaragoza, y como columnista en Heraldo de Aragón y El Periódico de Aragón. Asimismo, cuenta en su haber ya con varias novelas, libros de relatos y libros de cuentos publicados.

La muestra se ubica en la Biblioteca Cubit, en Zaragoza Activa (C/ Mas de las Matas, 20), y podrá visitarse de manera gratuita hasta el 31 de marzo, de lunes a viernes, de 9.00 a 21.00 horas.

Chocó, una mujer que resiste

Sin duda no podríamos haber elegido mejor la película del ciclo de cine colombiano que se proyectará este miércoles 8 de marzo coincidiendo con el día internacional de la mujer. Chocó es una película cruda, pero que da visibilidad a la situación que viven muchas mujeres en diversos lugares. Muchos de ellos muy lejanos, otros al lado mismo de nuestra casa.

El Chocó es un departamento de Colombia, situado en la región del Pacífico, en la frontera con Panamá. Desde el punto de vista ecológico y geográfico es un tesoro, regado por caudalosos ríos, cubierto de selvas tropicales, abundante en especies de aves, reptiles y una flora paradisíaca. Una cadena de altas montañas, al oriente, lo aísla de la zona andina y da lugar a lluvias torrenciales y frecuentes. La mayor parte de su población es de raza negra, afrodescendientes de las poblaciones de esclavos que fueron traídos a Colombia. El resto proviene de etnias indígenas o son mestizos o mulatos. Es una de las regiones del país con mayores índices de pobreza, sus habitantes han migrado desde hace tiempos a la zona andina y a la costa atlántica, que se ha venido enriqueciendo con estas gentes, en general pacíficas, trabajadoras, y ricas en tradiciones culturales, muchas de ellas del más puro origen africano.

La región tiene fama de ser rica, por sus recursos mineros, oro y platino, sus ríos y sus selvas, pero condenada a la miseria y al abandono centralista, sin suficientes vías de comunicación, sin puertos, y sometida al expolio de aventureros, malos políticos y negociantes. Chocó, ópera prima de Johnny Hendrix Hinestroza, nacido en la región, se basa en un personaje femenino que tiene ese mismo nombre. Es evidente el carácter simbólico de esta elección, ya que ella representa al Chocó, personificado en mujer inteligente, trabajadora, esforzada y valiente, que lucha por su dignidad y sus hijos, en un ambiente complejo, lleno de belleza natural y de miseria, y excelsamente rico en tradiciones culturales y en dignidad ancestral. Cuando ella canta, hacia el final del filme, la tradicional canción, el lamento chocoano “Óyeme Chocó, oye por favor, tú no tienes por qué estar sufriendo así; la resignación de tu corazón se agotará y el día llegará de tu redención…” es una viva representación de los lamentos de su tierra y de sus habitantes.

Ya que Chocó es una mujer, el mejor simbolismo de expolio y de abandono es el estar sometida a diversas formas de machismo, y este es el tema central. Su marido es un hombre bien parecido, músico y de naturaleza alegre, pero absolutamente atrapado por el licor, por el juego, la irresponsabilidad y la desidia, incapaz de apreciar la profunda dignidad y sabiduría de Chocó, a quien trata meramente como objeto sexual, y de poner atención y educar a sus dos bellos hijos, enteramente dependientes de los esfuerzos de su madre.

Como mujer, Chocó, no podría faltar a otro simbolismo. Ella, como el territorio, sufre los desmanes de la minería ilegal, aquella que arrasa con los territorios, que explota a los mineros y que se aprovecha del desempleo rampante, imponiendo condiciones y humillando. Y un tercero adicional, el de los comerciantes foráneos, que se aprovechan de la ignorancia y de las necesidades para manipular y engañar a las gentes. Bajo este simbolismo, Chocó-mujer se ve condicionada por el tendero del lugar a ceder su orgullo y su dignidad de mujer a cambio de la oportunidad de regalar un instante de felicidad a su hija, ya que “cuando el amor sabe a tarta, una madre es capaz de todo”. Esto ocurre en una escena asimétrica, más bien grotesca, de poca calidad estética, sin duda con la intención de contrastar lo macho-abusivo-brutal con lo femenino-digno-ofendido.

Como lo manifiesta en una entrevista a el director tomó esta película como una oportunidad para resaltar los valores del Chocó-región, a través de la Chocó-mujer, poniendo énfasis en ubicarla en un ambiente sencillo, comunitario, respetuoso, cuidando que la parafernalia invasiva de una producción de este tipo no perturbara negativamente, sino más bien buscando crear impactos positivos. Para ello se generaron talleres audiovisuales con la comunidad y se hicieron documentales con sus vivencias y sus historias, contadas por ellos mismos. Comenta Hendrix que las comunidades se enamoraron del proyecto, al igual mucha de la gente que trabajó en la película, que aceptaron salarios modestos y aportaron como si se tratara de una cooperativa.

Por todo lo anterior, no es extraño que esta cinta tenga algunos aspectos de tipo documental y cultural, que se insertan inesperadamente, y que tienen sentido en la historia en la medida en que se capte la simbiosis Chocó-mujer-territorio. Vale la pena resaltar, por su belleza y su gran valor cultural, las escenas del inicio, dedicadas a las antiguas tradiciones de los “Alabaos”, cantos corales de alabanza y exaltación religiosa, acostumbrados por la población chocoana en los velorios de los adultos. Se cantan en tono de lamento y alabanza, con acento salmodiano y modulaciones propias de la música colectiva de las tradiciones africanas. No es de menor belleza en el cierre y en el intermedio, el muestrario que se hace de las devociones a San Pacho (San Francisco) y a la Virgen, con procesiones en el río y en las calles, llenas de colorido y de sentido popular. También en este caso, Chocó-mujer protagoniza estos sentimientos y en ellos se escuda, de cierta forma, para protagonizar un acto extremo de valentía y de liberación, algo que Chocó-región no ha podido experimentar.

Chocó tuvo muy buena acogida en los Festivales de cine de Cartagena y de Berlín sin duda merecida por la historia que se cuenta, por las analogías que se establecen, por la naturalidad de los personajes y del paisaje, a los cuales hace honor una buena fotografía. Hay que resaltar la intención del director y del equipo por introducir esta región a través de cine, a un contexto amplio, tanto nacional como internacional. la película ha logrado que se vea con gusto, con curiosidad, entretenidamente y despierta en el espectador admiración por esta Chocó-mujer, valiente y digna.

Una crítica de Enrique Posada

Fuente: El espectador imaginario

http://www.elespectadorimaginario.com/choco/

La proyección comenzará a las 19:00 horas del miércoles 8 de marzo en el salón de actos de Centro Joaquín Roncal. Entrada libre hasta completar aforo.